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8 feb 2011

Las Garras del Demonio - Cap 4

Gluttony

A pesar del prometedor comienzo del día, la noche había caído como un pesado y frío manto sobre la Ciudad. Alexander Tudor se arrebujó en su pesado abrigo que levaba en un intento por combatir el helor nocturno. Caminaba a paso rápido, con el pensamiento esperanzador de que pronto estaría en un lugar cálido y seco.


Llegó a un bloque de edificio de un triste y deprimente color gris. Llamó al timbre del portal, y un anciano portero abrió la puerta con cara de pocos amigos. Era casi más alto que Greed, a pesar de estar encorvado a causa de la irreconciliable edad, que se había llevado también el color de sus cabellos. Unos desagradables pelillos grises se brotaban de sus orejas.

-¿¡Qué quieres!?-gruñó el portero, blandiendo la escoba de forma amenazadora. Su voz era ronca y resonaba como un trueno.

-Vengo a ver a Daniel Villalobos, el que vive en el 3ºA.-dijo Tudor, un poco amedrentado.

-Un momento.-dijo el anciano sin dejar de blandir la escoba.

Cerró la puerta del portal, dejando fuera a Tudor, cuyos perlados dientes comenzaban a castañear del frío. Finalmente, el portero volvió a abrir la puerta, dejándole pasar hacia el interior. Mientras subía al ascensor, sin dejar de notar la mirada del portero engarfiada en su nuca, comenzó a recobrar la sensibilidad en sus manos y pies de nuevo, acompañado de un desagradable picor que le incitaba a rascarse hasta desollarse la piel. Nada más salir del ascensor, distinguió una puerta entreabierta que parecía esperarle y entró por ella.

Todo estaba teñido de negrura, y Alex tuvo que ir con pies de plomo, palpándolo todo a su alrededor para no tropezar con algo. Ahogó un chillido de dolor cuando su rodilla se estrelló contra una mesita. Mentalmente, maldijo a su madre y al Dios que creó la mesa. Tras pasar cojeando el vestíbulo se topó con un espacioso salón-comedor donde estaba la barra de una cocina americana. Y donde debería haber una pared de hormigón, una enorme ventana de cristal, que daba a una enorme terraza, con unas impresionantes vistas del río y del Nuevo Palacio de las Bellas Artes, rodeado de hermosos y tranquilos jardines. En un lugar apartado, un biombo de tela blanca de estilo oriental, tras la cual estaba la cama y una pequeña biblioteca al lado de la cama.

En medio de la habitación, un joven semidesnudo estaba en medio de un mar de aparatos electrónicos, papeles y envoltorios de comida, tecleando en el ordenador a una velocidad vertiginosa. Era un joven de piel suavemente bronceada por el sol, vestido únicamente con un bóxer negro, lo que dejaba a la vista su cuerpo fibroso y delgado. Sus cabellos oscuros estaban revueltos y despeinados, en una belleza salvaje que las mujeres encontraban irresistible. El joven levantó la mirada del ordenador, dejando ver unos cálidos ojos cafés.

-Buenas noches, Greed.-le saludó este mientras bebía un sorbo del líquido humeante de la taza que tenía en la mano.- ¿Quieres café?

-Algún día explotarás, Gluttony.-dijo Greed con una sonrisa burlona.- Antes tenías la piel blanca y los ojos azules, y ahora estás tan negro como el café que amas.

-Los polvos de talco hacen milagros…-musitó Gluttony con otro trago de café.-Me ayuda a mantenerme despierto.-dejó el café y se llevó a la boca un buen trozo de bizcocho de la marca Cookie Kings.-"Afdemás, eff fann aleimnfinfo y deliffiofo… -musitó con un deje de placer. Greed tradujo mentalmente como: "Además, es tan calentito y delicioso".

Gluttony engulló otro trozo de bizcocho de chocolate, bañándolo en café mientras tecleaba algo en el ordenador. Se escuchó un pitido grave que provenía del ordenador.

-¿Qué es eso?-preguntó Greed, extrañado.

-¿Eso?-repitió Gluttony como si no lo hubiese escuchado.- Me informa cada vez que las acciones de Cookie Kings suben un valor.-dio un mordisco al bizcocho y sonrió de placer.- Mmm… no hay nada como la receta de la abuela… En fin, ¿qué es lo que quieres que haga?

-Sí, Greed, ¿qué quieres que haga?-dijo una voz que surgía de una habitación.

Una esbelta figura surgió de entre las sombras de la oscura habitación. Una seductora Lust, únicamente vestida con un sostén y unas braguitas de encaje negro y una liga a juego, paseó por la habitación con un andar seductor con sus bien torneadas piernas y sus pequeños pies descalzos. Había una mirada burlona en sus ojos purpúreos. Se colocó tras el sofá donde Gluttony estaba sentado, reposando sus claros brazos sobre sus hombros morenos. Gluttony era el único hombre conocido que seguía vivo después de sus tratos con Lust.

-Hola, Lust. Te veo bien.- musitó Greed con una sonrisa pícara y burlona.

Lust esbozó una pícara sonrisa con un toque siniestro y se separó de Gluttony, despidiéndose con un ardoroso beso que dejó a Gluttony sin aliento. Se vistió con un abrigo de borreguillo negro, se colocó unas pesadas botas negras y se despidió con un elegante gesto de la mano antes de salir por la puerta.

-Explosiva.-comentó Greed, internamente admirado por el fuego de la mirada de Lust.

Se quedaron solos en el solitario piso, con las farolas de la calle iluminando la habitación. Greed se sentó en un cómodo butacón, tirando a una papelera una ingente cantidad de basura, en su mayoría latas de refrescos y cervezas vacías y envoltorios de comida.

-Un día reventarás de tanto comer.-rió Greed, acomodándose el cojín.-Aún no entiendo como cojones estás tan delgado.

-Tengo suerte. Como y como y no engordo. Me encanta comer, y me deleito comiendo… ¡Y aún así no engordo! Nunca conseguiré el estereotipo de agradable y rechoncho cocinero.-musitó con un exagerado tono lastimero.

Greed rió y cogió uno de los Cookie Kings que había encima de la mesilla.

-¿Así que Cookie Kings es tuyo? Nunca me ha gustado el mercado alimenticio. El margen de beneficios es escaso...

-Es cierto, sin embargo es un mercado estable, ya que la gente siempre necesitará comer…-su rostro se contrajo en una mueca siniestra que enseguida desapareció.-Además, poseo mis propios campos de cultivo, así que no tengo que pagar a agricultores particulares. Con el transporte y los trabajadores, y la tecnología que abarata los costes, se obtienen unos beneficios nada despreciables.

Los ojos de Greed brillaron con creciente interés y su nariz aguileña comenzó a temblar ligeramente.

-Interesante… ¡Pero no he venido por eso!-dijo, quitándose el pensamiento de la mente, no sin antes archivar la información para más adelante.- He venido por algo que necesito. He decidido casarme.

-Vaya…-musitó Gluttony, evidentemente extrañado.

Entre ellos nunca hablaban de sus vidas privadas. Solo el nombre de Gluttony y su guarida eran conocidos, únicamente como lugar al que podían acudir en busca de información "especial" que Envy o Sloth no podían conseguir, o algunas tareas complicadas. Solo Gluttony y Envy conocían todas las identidades, ya que ellos fueron quienes les reclutaron para Blitch. Pero entre ellos había un completo silencio. Por ello, Gluttony se sorprendió tanto al oír la noticia de los labios de Greed.

-Pues… Enhorabuena… Creo…-agregó por lo bajo, recuperándose de la sorpresa.- ¿Quién es la afortunada?-preguntó, puliendo su último trago de café.

-Eso me lo dirás tú.

Villalobos casi se atraganta al oírlo y comenzó a toser.

-¿¡Qué!?-exclamó al fin entre toses.-Lo siento, no eres mi tipo…

-Necesitó que investigues a la familia Abel, los dueños de Gaia-corps. Las acciones de esa empresa son de exclusiva propiedad familiar.-explicó Greed, tirando el envoltorio de Cookie Kings a la papelera.- Quiero entrar en la familia. Quiero saber la chica que se lleva más acciones de la empresa. Casarse y enviudarse. Sencillo.

-¿No son demasiada molestias para unas acciones?

-He hecho más esfuerzo por cosas que valían menos…

-Pero… No creo que vayan a dejar que te lleves sus acciones tú, un viudo desconsolado, sin unos niños desamparados alrededor…

-¿Niños?-musitó Greed contrariado. Aquello no entraba en sus planes.- Creo que bastará con ganarme a la familia… Espero…-añadió en un murmullo inteligible.

-Pero para ello necesitarás a Envy, y entonces Pride se enterará. Ya conoces a Pride. Tiene ojos en todas partes. Pride es el ojo del jefe, y ya sabes que Blitch tiene una política lógica y férrea: Nunca llamar la atención. ¿Acaso tu matrimonio y viudedad, acompañada de las posibles muertes de tus suegros, no llamarán la atención?

-Es probable… Pero el quid de la cuestión es que Pride no se entere… O al menos que las muertes no sean sospechosas.

Gluttony se levantó del sofá, taza en mano, y se movió hasta la cocina americana y su enorme nevera gris. La abrió, y el frío de la nevera le refrescó el rostro. Cogió un pequeño termo de plástico amarillo de los veinte que había allí y lo puso en el microondas. En su faz morena había una mueca de concentración. Con el sonido del timbre del microondas, mientras Gluttony se servía otra taza de café, su rostro se iluminó.

-Tengo una idea genial… Pero no puedo revelártela hasta que sepa que has conseguido entrar en la familia. Es una técnica de Lust y no la puedo airear a la ligera… Ven dentro de dos días, después de hablar con Envy para pedirle su ayuda con la familia.

-¿Acaso no basta con mi encanto personal?

-A veces me recuerdas a Pride… Dos días…-repitió Gluttony.- Después te diré el nombre de la afortunada.

Greed se marchó de allí, levantándose del butacón, dejando a Villalobos completamente solo.

Gluttony miró el reloj y con un gruñido de gozo apagó el ordenador, dando un apurado sorbo a su taza de café. Se levantó y se metió en la habitación de la que había surgido Lust. Era una habitación de paredes pintadas de azul y una única ventana, con ropa desperdigada por el suelo. Cogió los pantalones a cuadros de cocinero y se los ponía mientras localizaba la camisa blanca y se acercaba a la pata coja, hacia donde creía que Lust había arrojado su camisa. Cuando al fin estuvo vestido, recogió el vestido de Lust, que conservaba aún su aroma, aquel aroma que encendía un ardiente fuego en el alma de los hombres.

Lo dejó sobre la cama, donde Lust lo solía recogerlo cuando volvía, abriendo con su propio manojo de llaves. Pensó en cuantas veces Lust había dormido allí, y que cualquier otra persona de fuera los consideraría amantes, sin embargo, ellos sabían que solo eran una serie de necesidades que satisfacer.

Técnicamente Lust vivía allí, pero Gluttony estaba convencido de que si intentase convencerla para mudarse allí, ella se enfurecería. Le gustaba tener un lugar al que retirarse para estar sola, su propia guarida. Además, según ella, no aguantaría en casa de un hombre que deja envoltorios por todas partes y que su vida se pasa o ante fogones o un ordenador. Un pitido grave del ordenador le sacó de su ensimismamiento. Echó un último vistazo al reloj antes de irse corriendo al restaurante, mientras se ponía como podía un grueso abrigo gris, con una satisfecha sonrisa en el rostro. Gluttony debía ser uno de los pocos hombres que amaban su trabajo.

Tras cerrar la puerta, el piso quedó desierto, como si un torbellino hubiese pasado por allí. Una montaña ingente de basura rebosaba de la papelera de red metálica, quieta al lado de un cómodo butacón lleno de arrugas y marcas de que alguien había estado sentado allí. En la nevera, gris y algo manchada de restos de comida, estaba llena de termos de café e ingredientes de comida. Allí vivía alguien al que le entusiasmaba comer. Por ello, Gluttony significa Gula.

1 comentario:

  1. Bichilla!!! Ya te he dicho que amo este capítulo?? ¡¡WOW!! ¡¡LUST!! Sin duda que me tenés un cariño especial jajaja
    Tenés que seguir, bichilla, ayer me lo leí casi todo, sólo me faltó un capítulo y es una gran historia de la que no perdés el hilo a pesar de que en cada capítulo contás una de las historias paralelas.
    Seguila porque sino me enojo #hedicho ¿sí?
    Y no me dejés a Gluttony sin su comida y no rompás tan rápido ese disfrute que se tienen él y Lust porque... porque... porque... ok, no tengo razón, sólo mi ego que se va por los aires jajajaja

    Se te quiere bichilla, y se te extraña por MSN y esos lares
    Villa

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